España está de luto… al menos simbólicamente. Con el final del Carnaval llega uno de los rituales más singulares de nuestro folclore: el Entierro de la Sardina. Un funeral muy particular en el que nadie llora de verdad y en el que la protagonista no es otra que una sardina.
En Burgos, esta tradición se vive de forma sencilla pero cargada de significado. Se crea una figura de sardina que, tras un breve recorrido, se quema simbólicamente, despidiendo así los excesos carnavalescos y dando la bienvenida a la Cuaresma.
Un entierro sin lágrimas
Aunque el nombre pueda sonar dramático, el Entierro de la Sardina tiene más de ironía que de tristeza. La sardina representa los excesos del Carnaval: la comida abundante, las fiestas y el desorden. Al “enterrarla”, se deja atrás esa etapa y se entra en un tiempo más sobrio, tradicionalmente marcado por el ayuno y la moderación.
Eso sí, que nadie se confunda: aquí no se entierra el pescado, sino los excesos. Porque durante la Cuaresma el pescado sigue muy presente… y muy vivo.
Cuando el pescado toma protagonismo
Con la llegada de la Cuaresma, el pescado ha sido históricamente el gran protagonista de la mesa. Frente a la carne, que se evitaba durante este periodo, productos como la sardina se convirtieron en una opción habitual, sencilla y muy ligada a la cocina tradicional.
Así, este curioso funeral marca también un cambio en las costumbres alimentarias, recordándonos la importancia de un producto que ha formado parte de nuestra gastronomía durante generaciones.
Tradición con sentido del humor
El origen del Entierro de la Sardina no está del todo claro, como ocurre con muchas tradiciones populares. Se cree que comenzó a celebrarse entre los siglos XVIII y XIX como una forma burlesca de despedir el Carnaval y dar paso a la Cuaresma. La sardina, humilde y popular, se convirtió en el símbolo perfecto para representar los excesos que tocaba dejar atrás. Desde entonces, este peculiar funeral se ha adaptado a cada lugar y época, manteniendo siempre la misma idea: cerrar el Carnaval con ironía y empezar un nuevo ciclo… aunque solo sea quemando un pez de cartón.
Un entierro que no despide al pescado, sino al exceso.
Porque en Burgos, la sardina no se llora… se sigue disfrutando. 🐟
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